
Hoy amanecí sombría, pensando en mis muertos. Hay un dicho que dice: enero y febrero, el desviejadero. Mis abuelitos y mi papá murieron en Enero. De hecho mi papá murió un 7 de Enero hace 31 años, y mi abuela el mismo día que él pero tres años antes. Siempre decimos que ella vino por él y cada 7 de enero se nos pone la carne de gallina. Mi abuelita era muy devota de San José y solía decir que San José nos avisa cuando nos llega la hora, que se escuchan tres toques en la puerta y que ella nos iba a avisar. Abuelita, ¡todavía no!
Otra cosa que quizá no sepan de mí es que me encanta
recordar tanto a mis muertitos que marco las fechas en que fallecieron con una
cruz en el calendario. Como si fuera un aniversario. Mi esposo dice que soy una macabra.
Además debo confesar que me gustan mucho los panteones,
pero sólo de día. De noche me dan terror. Las visitas al panteón de Dolores
durante mi infancia, son un recuerdo bastante agradable. Siempre había una
brisa que movía las hojas de los árboles y generaba un lindo tono
arrullador. En el silencio de aquellos
andadores larguísimos se escuchaban los pájaros, las cigarras y los
grillos. Cuando entrábamos a alguno de
los Mausoleos se sentía un gran fresco, como si estuviéramos en una cava, y
nuestras voces reverberaban con el eco. Mis
hermanas y yo nos entreteníamos paseando y viendo los diferentes monumentos de
ángeles llorando, o envolviendo algo muy preciado entre sus alas, como en un
gesto de protección. Los monumentos más antiguos eran los más ornamentados y
bellos. Me gustaba leer las inscripciones y saber quién estaba enterrado allí. Por
aquellos tiempos mi ciudad era muy pequeña y las familias se conocían entre sí.
Mi sobrina, quien es un poco más supersticiosa que yo
jura que los muertitos se convierten en ángeles, y que su ángel de la guarda fue
un niño llamado Daniel que murió en Chihuahua a principios del siglo XX. Tan segura está de eso que fue a consultar al
administrador del panteón y buscar en las actas para encontrarlo. Yo pienso que los ángeles son ángeles y los
muertitos son muertitos y no hay ninguna conversión al llegar al más allá. Mi amigo Pepe G. ¿Creerá en los ángeles?
Pero bueno, hoy como cada siete de enero recuerdo de
entre todos mis muertos, a mi abuelita y a mi papá en especial. Fueron parte importante de mi vida y ya no
están. Lo cual me recuerda el final de una canción de Juan Manuel Serrat:
Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
os juro por lo que fui
que me iría de aquí...
Pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
os juro por lo que fui
que me iría de aquí...
Pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.











